CARTA DE AMOR. «Reproches por vicio»

CARTA DE AMOR. «Reproches por vicio»

 

 

 

20-01-2013

 

 

El siguiente relato es el que presenté en la XII edición del concurso Antonio Villalba de cartas de amor

 

      REPROCHES POR VICIO 

       El tratamiento para frenar la alopecia es algo que debes tener en cuenta si quieres que nuestra relación siga adelante con buenas perspectivas. Debes iniciarlo con el lavado del cabello con un champú de uso frecuente para combatir la caída y que prepare tu cuero cabelludo para recibir en profundidad un tratamiento especial. Este tratamiento es a base de vinagre, sí, el que ponemos en la ensalada. Es mano de santo y sirve para todo según mi peluquera; para lavar a fondo la ropa, para desincrustar la cal de la lavadora, para limpiar los cristales, para matar los piojos y anular la caspa (en esto no tienes problemas), para limpiar el óxido de herramientas, para curar el “pie de atleta”, para aliviar la picazón de mosquitos y en esta ocasión para hacerte crecer tu inexistente cabello. Una vez aplicado gota a gota, debes hacerte un masaje estimulante que facilite la penetración de sus propiedades activas y estimule la circulación sanguínea de tu cocorota. Cierto que eres una bola de billar y puede que sea inútil este remedio para que crezca algo donde no hay nada, pero tú pruébalo igualmente. Recuerda que el masaje es muy importante para revitalizar la zona desnutrida. O espera, no hace falta que hagas nada por ahora, a ver si te va a crecer de verdad y vas a perder ese impulso sexual que me vuelve loca. Aún va a ser verdad que generas más testosterona y tu hormona de la libido está como una moto desde que eres un lindo peloncito. Cariñoso siempre lo has sido, igual demasiado, intenta no ser tan empalagoso en público pero sigue con los mimitos después de hacer el amor. Respecto al poco cabello que te crece, recórtate los laterales para no parecer un champiñón.

     Sin llegar a obsesionarse es importante prevenir la acumulación de grasa abdominal con un estilo de vida adecuado. Además de hacer ejercicio debes evitar consumir en exceso bebidas con gas y tú la cerveza la haces polvo. Optar por una alimentación sana y equilibrada es lo que te pido si deseas estar conmigo. Sé que pensarás: “¿Y los largos paseos que damos todas las noches después de cenar? No son suficientes, te pasas todo el día sentado en el despacho y tu “curva de la felicidad” sobrepasa los límites de la estética que a mi me gusta. Otra cosa es tu interior, de eso no tengo queja.

      Los almuerzos de los sábados con tus amigos no te hacen ningún favor y tú no te privas de nada. No vas al gimnasio y el único deporte que haces, si se puede llamar así, es pedalear sobre la bicicleta estática que tenemos instalada en el comedor mientras miras la tele y comes helado. ¿Pensabas que no te observaba? ¿Crees que eso es normal? No haces nada por mí y me gustaría ver en ti una actitud de cambio, aunque sea pequeño. De acuerdo que no puedo hablar mucho. Soy una de “Las tres Gracias” de Rubens, según tú, y me llamas “jamoncito relleno” con tu sonrisita pícara y alegre sin que parezca importarte lo más mínimo mi aspecto rollizo; no me conociste así, qué pasa, ¿te da igual que esté rechonchona?

    Me obsesiono por comprar todo tipo de cremas adelgazantes para que actúen, de una vez, en mis caderas y mis muslos, pero no hay manera. Ni el spinning ni el aquagym logran eliminar esa asquerosa celulitis que se instala en mi cuerpo. Todo ese esfuerzo es por estar bien para ti, quiero sentirme joven. No comprendo como aún puede gustarte cogerme de las cartucheras y de mis tetas medio caídas, por sorpresa, mientras cocino, por ejemplo, el cuscús a la trufa que tanto te gusta u otros manjares que no nos hacen ningún favor. Tampoco debemos obsesionarnos con las cosas, lo sé, pero tu barriga es un contenedor de hipertensión arterial, una caja de Pandora sin aristas y una gran bola sebosa que puede predecir, si las cosas no cambian, nuestro incierto futuro. A veces pienso que la he criado yo. Puede que exagere y no sea todo tan malo. También es mi almohada ideal las tardes de domingo para sentir tu respiración mientras vemos cualquier película; donde acaricias con suavidad mi cabello; el lugar donde me lamento y me consuelas; donde doy palmaditas cortas y sonoras, a modo de redoble, cuando estoy contenta; el lugar donde tus sobrinos te besan (a parte de tu calva) y construyen torres de Lego mientras echas la siesta; donde hago pedorretas llenándote de babas; donde me protejo del mundo; donde pinto ojos y boca aprovechando tu ombligo como nariz; donde apoyas tu cerveza, como no; donde, frotando, invoco al “genio de la panza” y le pido que adelgaces un poco. Esa barriga es un mundo. Aún va a resultar que es graciosa y todo, pero no, sigo pensando que estás muy gordo y la salud no es ninguna broma, así que tú decides.

      No todo es físico. Tampoco eres muy detallista que digamos, nunca me regalas nada, ni en San Valentín. Con poco podrías tenerme contenta: un perfume, una sortijita, unas flores, unos zapatos o una simple cena con velas, pero nada de nada. Tu bondad lo arregla todo, con eso te salvas y vas al cielo. ¡Qué comodidad, por Dios! No me sorprendes ni me demuestras cosas; sólo durante el periodo de vacaciones en alguna isla exótica del Caribe; pero ahí es normal, se da por hecho. ¡Ah!, y en mi cumpleaños también, aunque para chincharme. Clavas todas las velas en la tarta y por si no queda claro, sitúas, además, dos enormes números rojos recordando a todos mi edad. Eres un regordete granuja calvorota.

    No se hable más. Reflexiona sobre todo lo dicho. Y, por mi, si quieres, podemos darnos otra oportunidad.

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