Entrevista de Federica Alborch (Periódico Levante)

La siguiente entrevista tuvo lugar en una terracita cercana a la playa de Peñíscola. A principios de mayo, no recuerdo la fecha exacta, Federica Alborch (periodista del periódico Levante) y yo mantuvimos una charla sobre mi última exposición “Peñiscoleteando”.

 

 “Sólo con un lápiz en la mano se puede dibujar un mundo”

 

Publicado por el Periódico Levante jueves 17 de mayo de 2012

Escrito por Federica Alborch

 

Sergi Cambrils es un tipo cercano y amable. De manos grandes, fuertes y complexión atlética, que más recuerda a un jugador de waterpolo que a un pintor…No obstante, su discurso destila su amor por el arte. Imaginación y creatividad son dos de las palabras que más repite. Y es que, como explica, le encanta buscar ese punto diferente a las historias que cuenta.

En esta ocasión, su tierra natal, Peñíscola, centra su último trabajo, y las fiestas de la Virgen de la Ermitana son el leiv-motiv a través del cual nos enseña una cultura, una tradición, una forma de vida. Su hablar cercano y afable engancha, tanto como los colores magnéticos de sus cuadros. Quien los quiera ver, estarán expuestos desde hoy día 12 de mayo hasta junio, en el bar L’Escala.

Explícanos, Sergi, ¿que encontrará una persona que vea tu serie Peñiscoleteando?

Peñiscoletando habla de la tradición de mi pueblo. A partir del día 7 de septiembre comienzan las fiestas en honor a la Virgen de la Ermitana y Peñíscola se convierte en una explosión de colores, personajes, indumentaria y de tradición. Hago una narración bastante particular de la fiesta. Me baso en los personajes y, sobre todo, en la moda para crear historias, un tanto absurdas, pero divertidas.

¿Por qué Peñíscola?

Al final las cosas fluyen. La familia y los amigos siempre dicen: a ver cuando haces algo sobre Peñíscola, pero claro, uno que es un poco raro, tira para sus historias y sus cosas. La idea siempre ha estado ahí, latente. Además, soy de Peñíscola y me toca de muy cerca. Creo que la fiesta tiene mucha vistosidad, sobre todo en la indumentaria. Y he creído que a partir de ahí se podían crear historias que es lo que más me interesa. Contar historias a partir de los detalles cotidianos, y una fiesta como la de Peñíscola tiene muchos ingredientes para contar historias.

¿Podríamos decir que es una pintura costumbrista?

Sí, tiene toques costumbristas, pero bajo mi prisma, donde la imaginación y la creatividad son el pilar básico de las construcción de todas las historias. En la serie hay puntos muy característicos de la fiesta, como las danzas o los moros y cristianos… Sí, hay una serie de dibujos que los he basado en la idea de “loa”, una figura de baile en la que uno de los bailarines se sube sobre los hombros del otro. Esta idea la he trasladado a muchos personajes: músico-bailarín, político-moro, moro-cristiano…quería mostrar el concepto de dos personas unidas. Cuando la gente lo ve, le provoca una sonrisa, le provoca una serie de sentimientos que son muy cercanos para los peñiscolanos. También aparece la idea de los “caballets”, que me parece muy bucólica y divertida, o las “gitanetes”, los “bastonets”, incluso las franjas rojas y verdes de los trajes de los danzantes. Incluso el alcalde está, ya que me ha parecido un personaje interesante para incluir. En definitiva, son momentos llenos de tradición que nos identifican, siempre desde mi respeto y reconocimiento.

¿Qué quieres transmitir con tus personajes?

Mis personajes siempre van como disfrazados y son protagonistas de historias en las que te has de meter. Has de crearte un enigma. Lo que quiero es que la gente se haga preguntas y tengan la sensación de que no controlan muy bien lo que están viendo. Las figuras que aparecen en mi trabajo son fácilmente reconocibles, pero otra cosa es la lectura. Y cada uno tiene su propio entendimiento. Mis personajes son muy rocambolescos. Parto mucho de revistas como Hola, acontecimientos deportivos y de la actualidad.

Para ti, ¿de qué color es Peñíscola?

No puedo decir un único color. Los colores son todos importantes. Igual que las teclas del piano. Si quitas una tecla, puedes tocar igual, pero no es lo mismo. Necesitas todos los colores para decir las cosas. La escala de grises es brutal, o la de marrones o la de rojos… ¡Peñíscola en blanco y negro puede ser genial! Los colores son una tecla más para explicar cosas, son todos necesarios.

¿Dónde encuentras tu inspiración?

Me motiva la idea de crear cosas que forman parte de mí. La imaginación y la creatividad son pilares básicos de como entiendes la vida. Igual que el que canta o el que escribe. Es como un impulso que no sabes bien qué es, pero que está ahí…

¿Qué artistas han influenciado en tu carrera?

Desde los clásicos, como Piero de la Francesca hasta actuales como Miguel Condé o Pat Andrea. Los clásicos te influyen mucho. Por ejemplo, antes de estudiar Bellas Artes, veía algo de Piero de la Francesca y sólo veía antigüedad, después de estudiar y formarme, ¡veo creatividad a tope! Era un hombre adelantado a su tiempo, igual que El Bosco. Para ser moderno, necesitas conocer su trabajo.

¿Dar clases te ha servido para reflexionar?

Sí, la verdad es que sí. Antes era reacio a dar clases porque pensaba ¡qué voy a enseñar yo! Pero no es sólo eso, es trasmitir y conectar con la gente, ponerte en su lugar y partir de cero. Además, te ayuda mucho a teorizar lo que haces en la práctica y ese ejercicio está muy bien.

¿Existen los mecenas en el siglo XXI?

Hay muchas veces que aún tengo esa idea romántica que alguien verá mi trabajo y me dirá: “tranquilo, tienes la vida resuelta”, pero también soy un poco miedoso. Eso de coger la mochila y marcharme seis meses a Nueva York a probar suerte no va conmigo. Soy muy previsor y me gusta controlar el sitio en el que estoy. Además, tampoco me gusta atosigar a nadie. De hecho, me molesta depender de alguien. Si lo hago yo, todo saldrá como quiero. Si fallo, fallo yo. Soy un poco egoísta en ese sentido.

Supongo que es difícil destacar entre la multitud…

Ahora no existe ningún discurso claro, pero eso es precisamente la grandeza de las vanguardias. La idea de ser original es muy complicada, pero también tenemos mucho material alrededor para explotar esa originalidad. Con un lápiz puedes crear un mundo, no hace falta tener grandes expectativas a nivel formal. Muchos necesitan una vida para encontrar su camino, otros tienen una huella que los identifica de manera casi momentánea…

Eso nos llevaría a decir que “el artista no nace, se hace”…

Depende, tú puedes ser técnicamente buenísimo, pero no transmitir tanto como alguien que no tiene tanta técnica, pero que sí que conecta con la gente…

Tras Peñiscoleteando, ¿en qué estás trabajado ahora, Sergi?

Ahora estoy haciendo una colección que se llama “Zooilógico”, que recuerda la mitología, con muchos personajes y animales. A fin de cuentas, es una excusa para crear historias y crear un hilo conductor entre personas y animales y lo que cuentan. Me fijo mucho en revistas y  periódicos deportivos, desde ahí, veo muchas historias que luego voy dibujando en un bloc. Después cojo algo de aquí y algo de allá, mi trabajo es como un collage, que poco a poco se ha ido llenando de personajes.