Escritura recreativa · La niebla

Escritura recreativa · La niebla

30-12-2012

 

 

 

 

ESCRITURA RECREATIVA

 -¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana?

-No la araña, está escribiendo algo sobre el cristal empañado. Desde que lo apuntamos  al curso de escritura creativa del instituto se pasa el día expresando sus pensamientos por medio de la escritura. Tendrías que ver como construye las frases, es un auténtico maestro de la metáfora, la alegoría, la sinécdoque, la paradoja, la metonimia, la asíndeton y la hipérbole, entre otras figuras literarias.

-Por lo visto también sabe escribir al revés, se lee perfectamente: “Tonto quien lo lea”.

02-01-2013

 

LA NIEBLA

     Los días de niebla eran sus preferidos para salir a tocar. Se vestía con el traje de las bodas y desfilaba en solitario con su bombardino dorado por las estrechas calles del casco antiguo. Era sabido por todos que en el pueblo se valoraba a los verdaderos músicos cuando actuaban esos días de bruma.

    Atrapaba la espesa neblina con la campana de aquel artefacto musical y cuando estaba suficientemente llena la despedía junto a afinados sonidos. Interpretaba con pasión pentagramas inventados a pesar de no cruzarse con nadie durante el pasacalle. Melodías nuevas entraban por las rendijas de los balcones para sugestionar, de manera muy especial, a la gente que allí habitaba. Primero mostraban timidez, entreabrían la cortina de su ventana para identificar la novedad y, luego, a pesar del frío, salían fuera abriéndose paso entre el atiborre de flores que llenaban aquellas típicas terrazas. Permanecían un rato en silencio comprobando que los demás vecinos también salían y cuando había suficientes empezaba el inverosímil espectáculo.

     Al unísono y casi como posesos gritaban cánticos extraños, aplaudían intensamente como si les fuera la vida, lanzaban besos, escupían al cielo, se daban bofetadas, se arrancaban la ropa, se estiraban los cabellos, se arañaban el cuerpo, lanzaban sus flores, y lo mejor de todo, para que el bombardinista siguiera tocando le arrojaban dinero, y no precisamente monedas. Como si fuera confeti, cientos de billetes de todos los colores caían desde los balcones en señal de gratitud. El músico, a pie de calle y sin dejar de tocar, se movía nervioso y complacido tratando de capturar aquella lluvia de billetes con su campana de metal. Los días de niebla eran sus preferidos para salir a tocar.

 

 

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *