Hágase tu voluntad · Gran reserva · Pequeño detalle · Sin porvenir · La butaca azul · Como un juego · En la basura

Hágase tu voluntad · Gran reserva · Pequeño detalle · Sin porvenir · La butaca azul · Como un juego · En la basura

16-10-2013

 

Wonderland de Radio 4

HÁGASE TU VOLUNTAD

Hay otra vida después de la muerte, puedo certificarlo. No es nada del otro mundo, pero notas que existes aún sin poseer cuerpo, y eso es suficiente para tener una inexistencia digna. Que nadie pueda verte te lleva a asistir con curiosidad a la ceremonia de tu funeral y compruebas con satisfacción que asisten todos, te respetan. Mientras hablan de ti con orgullo te diriges a la pequeña sala acristalada para verte postrado en un magnífico ataúd y engalanado con tu mejor traje. Ahí se ríen de tu voluntad cuando encuentras, en su lugar, una urna llena de tus cenizas.

 

 

 

 17-10-2013

Wonderland de Radio 4

GRAN RESERVA

Mi mujer tiene que enterrarme, ese es el pacto. Es mucho más joven que yo aún siendo septuagenaria, no puedo concebir que muera antes, pero una amargura me alerta cuando la observo marchita y sin luz sentada junto a la ventana. Ha perdido mucho, en cambio, yo gano con el tiempo, estoy fuerte como un toro bravo. Lo atribuyo al vino tinto que bebo desde mi juventud, y no una copita al día como recomiendan, sino bastantes más, tres botellas caen seguro. Temiendo que no cumpla el pacto, por primera vez, lleno mí copa del incoloro, inodoro e insípido líquido.

22-10-2013

Wonderland de Radio 4

PEQUEÑO DETALLE

El más pequeño de mis hijos tenía poca gracia dibujando porque en su última creación representó a los pájaros como si fueran una “V” y retrató al sol con un seis y un cuatro. Nuestra casa la situó en una llanura con la típica chimenea saliendo humo, alineó los árboles del jardín con un palo y un círculo y, en primer plano, siguiendo ese estilo rectilíneo, nos ordenó a todos de mayor a menor. El primero su hermano Jonathan, luego la Jenny, después me puso a mí, siguió Ernesto por poco, después se dibujó él, y finalmente a mi marido.

18-10-2013

SIN PORVENIR

Me dijeron que tenía “duende” y que podía pasarme por el estudio del productor musical para grabar mis canciones, ellos se encargarían de sacar mi primer disco al mercado. Me quedé mudo cuando revisaron mis letras hasta el punto que, en función de la rentabilidad que podían sacar, midieron el minuto y el segundo en el que debía entrar el estribillo. «Cómo podéis desvirtuar de esa manera mi creación ‒les dije.» «No te preocupes, son técnicas de marketing y publicidad ‒respondieron». Solo veían mercancía, así que, silbando mi canción tal y como la había parido, desaparecí de allí para siempre.

21-10-2013

LA BUTACA AZUL

Mientras una cándida mujer se recupera en un hospital, su marido, un señor de manos robustas y mirada lánguida le hace compañía noche y día. Está pendiente de todo y, cada mañana, con mimo exquisito, la atiende en su higiene personal, le limpia con algodones humedecidos la supuración de las inflamaciones, la incorpora en la cama bien aseada y le da el desayuno; ella no puede. Le habla con entusiasmo de las cosas sencillas que a ella le gustan, le lee su libro sentado en la butaca azul y, al fin, con un nudo en la garganta, le pide perdón.

18-10-2013

Relatos en Cadena (SER)

COMO UN JUEGO

-Sí, papá, pero, ¿y esa? –exclama la pequeña Sofía señalando la que más le gusta en lo alto de la estantería.

-¿Estás segura?  

El profesional que les atiende se encoge de hombros y delega toda la responsabilidad al padre. Con algunas dudas acaba aprobando la elección de su chiquilla para complacerla, al fin y al cabo, lo peor de la enfermedad ya ha pasado. Sofía la coge con mimo, la peina para comprobar la sedosidad de los rizos y, con la ilusión propia de una niña, corre al espejo para verse con ella. Esa será, durante unos meses, la cabellera que cubra su cabeza.

24-10-2013

Relatos en Cadena (SER)

EN LA BASURA

Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor algo se movió en su interior que les sobresaltó. Pablito le acompañaba a tirar la basura cada noche y luego solían pasear por el barrio. Creían que era una rata pero enseguida reconocieron a un señor harapiento que surgió de aquel mar de bolsas negras para impedir que se cerrara la tapa. Sacó una pistola y se dirigió a ellos enfurecido.

–Me habéis despertado –gritó–. ¿Quién os manda cerrar el techo de mi casa?

El padre cogió a su hijo y, sin articular palabra, se largaron de allí pitando. Pablito miró al cielo, parecía que iba a llover.

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