La lucidez de lo grotesco

Catálogo Roomart 2012

Exposición Roomart 2012. “Alrededor del papel”

Universidad Politécnica de Valencia

 

Silvia tena

LA LUCIDEZ DE LO GROTESCO    

Una muchacha ataviada de reina de las fiestas, cavallets, dolçainers, hombres con cabeza de búho, sofás voladores, un Superman despistado, tigres dalinianos, retratos de narices y orejas pegados a un rostro…, y exprimidores y pimientos… y sombreros, sombreros y mas sombreros…

Hay algo de trágico-cómico en las hipérboles de Sergi Cambrils, donde todo parece intencionadamente barroquizado e inmerso en una espiral vertiginosa. Y es que la plástica de Cambrils parece sacada de aquel universo calderoniano donde todo era sueño, donde la vida es un gran teatro. El sueño de la razón; o mejor dicho, las rendijas por donde ésta se escapa. Porque la razón –no lo olvidemos- parece ignorar una presencia que socava sus pretensiones ya en el mismo momento en que las expone, dado que lo grotesco se comporta con lo real a la manera de un topo que construye túneles allí donde la razón cree pisar suelo firme.

Pero veamos, empecemos con los detalles de este inframundo que nos propone Cambrils. Enseguida, en una primera vista, nos percataremos de que –un poco a la manera como hicieron artistas de lo cómico-grotesco como El Bosco-, una pléyade de pequeños detalles componen un microcosmos donde todo es caricaturesco, superlativo -no sólo en las facciones de sus retratados, sino también en sus acciones narrativas-. Se trata de un abigarramiento que recuerda a los cadavre-exquis de los primeros surrealistas, donde nos invade un fulgurante vértigo. Es precisamente ese vértigo intrínseco donde lo grotesco afirma su dinámica y su radicalidad, no con la fatalidad que el destino introdujo en la tragedia clásica, sino con la necesidad que la fábula grotesca –en el sentido más estrictamente aristotélico- establece, y en la que los personajes se ven arrastrados a una existencia nueva y vertiginosa, en la que todo tiene cabida.

Pero en Cambrils todo va –si cabe- un paso más allá. A partir de pequeños detalles de un alto realismo, crea un mundo hermético, fantasmagórico, un mundo alucinado mitad perverso mitad cómico -por lo extremado y lo disparatado- (creo oír a Georges Grosz riendo de fondo). Una especie de carnaval o baile de máscaras en el que el mundo empieza a estar un poco al revés, donde todo es simulacro, donde unos personajes absurdos y estrafalarios nos narran historias inverosímiles, rocambolescas, mostrándonos así su verdadera naturaleza pues todo es aceptable en este mundo imaginario. Aquí se mezcla lo mágico y la religión, la tradición y el recuerdo, lo cómico y lo grotesco (éste, como rasgo de la naturaleza humana, exhibe el monstruo que todos llevamos dentro). De ahí que –ya lo dijo Joan Feliu[1]– la visión de Cambrils es más cósmica que cómica.

A nivel formal, una amalgama de imágenes procedentes del cómic, el Arte, la alta costura, el diseño gráfico[2], el vídeo o la televisión se unen para formar un mundo donde se dan cita el absurdo, la ironía, el humor y una constante y vaga melancolía. ¿El trasfondo? la excelente técnica de su dibujo –que casi pasa desapercibida por debajo del impacto visual de sus temas y composiciones- y la linealidad geometrizante de sus espacios –que recuerdan a la pintura metafísica de Chirico (por los puntos de fuga, las escaleras a ninguna parte, los suelos ajedrezados o los recursos de trampantojo)-.

Se ha hablado de que en Cambrils campean el Surrealismo o el Dadá. Y es cierto que hay una carga irreverente y subjetiva, pero Cambrils jamás pierde contacto directo con lo real. En Cambrils no late aquel espíritu onírico antiburgués de factura pseudo-automática… La irreverencia provocadora de Duchamp se oye muy, muy al fondo. El realismo grotesco de Cambrils, lo acerca más a una suerte de realismo mágico, cuyos elementos herméticos y sobrenaturales lo vincularían a algunos muralistas mexicanos o al realismo melancólico de Magritte y cuya técnica y carga subjetiva lo sitúa en la órbita de El Bosco, Chagall, Grosz…

Tambien se ha hablado de que la obra de Cambrils ha de leerse en clave de humor y sarcasmo. Veamos. Ya lo dijo Baudelaire en 1855; en la creación artística, mientras lo cómico es una imitación, lo grotesco constituye una creación. La risa causada por lo grotesco tiene en sí, algo de axiomático, de primitivo y eso la aproxima más a la vida inocente y a la alegría que la risa originada por la comicidad de las costumbres. No es el placer que la risa trae consigo, sino la lucidez de lo evidente[3]. Esa mirada cómica, pero a la vez dolorosamente lúcida, es la que emana del submundo medio circense-medio alucinógeno de Cambrils, donde el absurdo late en lo cómico. Los seres del imaginario de Cambrils son actores-narradores autobiográficos de su propia narración. Sus personajes retratados, además de ser contemplados, contemplan y son conscientes de su contemplación, convirtiendo su consciencia en motivo narrativo. Lo vulnerado, lo omitido está aquí presente, pero sólo de forma negativa (el nonsense no es tanto una ausencia de sentido cuanto su vulneración). Ya lo dijo Kafka, lo absurdo no estriba en la dificultad de entender las acciones de los personajes, sino en la existencia misma de acciones que carecen de sentido[4].

Pero este nonsense en Cambrils no permanece del todo inaprensible. La tragedia como forma artística nos ofrece justamente en lo absurdo-carente-de-sentido, la vislumbre de un posible sentido escondido “en el destino preparado en las mansiones de los dioses y en la grandeza del héroe trágico”. Es por ello que el artista de lo grotesco, no puede ni debe tratar de dar un sentido a sus creaciones[5].

 

© Silvia Tena Beltrán

Barcelona, noviembre 2011



[1] FELIU, J., “Peñiscoleteando. Disseny d’una tradició”, Octubre. Art i Disseny, núm. 4 (oct. 2011), Catalogo-exposición, Castellón, Universitat Jaume I, p. 8.

[2] Inevitablemente me viene a la memoria la cercanía formal y estilística con el tratamiento post-dadà que Jonas Odell hizo para el video-clip ‘Take me out’ (2004), del grupo Franz Ferdinand.

[3] BAUDELAIRE, C., “De la esencia de la risa y en general de lo cómico en las artes plásticas”, en Lo cómico y la caricatura, Madrid, Visor, 1989, p. 34-35.

[4] ADORNO, T. W., “Apuntes sobre Kafka”, en Prismas. La crítica de la cultura y la sociedad, Barcelona, Ariel, 1962.

[5] KAYSER, W., Lo grotesco. Su configuración en pintura y literatura, Buenos Aires, Nova, 1964, p. 226.