Peñiscoleteando. “Se extraen Almas”

Catálogo Octubre. Art i disseny. Num.4 octubre 2011

Galería Octubre. “Peñiscoleteando”

Universidad Jaume I de Castellón

 

Joan Feliu

Peñiscoleteando: “SE EXTRAEN ALMAS”

         El texto que a continuación pueden leer se divide en dos partes. La primera, bajo el título El histriónico teatro del mundo, intenta abordar las características de la exposición que Sergi Cambrils ofrece en la Galería Octubre de la Universitat Jaume I de Castellón, en lo que se podría considerar un texto crítico de aproximación a la muestra y explicación al espectador. Más o menos lo que se espera del texto de un comisariado.

La otra, concebida a priori como un epílogo de una docena de líneas integrado en la primera, creció hasta merecer ser segunda parte, y anunciando: Se extraen almas, ofrece una opinión más personal, y por ello menos aséptica, de la trascendencia que adquiere la obra de Cambrils, con la intención de trasladar claramente que estamos ante uno de los mejores creadores del panorama plástico de nuestras tierras. Es justo que la Galería Octubre de la Universitat Jaume I inicie esta nueva singladura con esta exposición. Confieso también que me ilusiona formar parte de la trayectoria profesional de Sergi Cambrils. Cosas del ego.

Al lector se le solicita que tenga en consideración la advertencia precedente, así como que las líneas que seguidamente encontrará impresas se redactaron encontrándose el que suscribe preparando la exposición rodeado de las imágenes de Sergi Cambrils y, respirando en consecuencia el aire viciado de una atmósfera surrealista.

 

Primera parte: El histriónico teatro del mundo

El día de la inauguración de la función, a la una y media de la tarde, cuando ya el sol estaba alto en el horizonte, se levantó el telón y, vestido de etiqueta, con casaca roja y sombrero de copa, el artista maestro de ceremonias se plantó en el centro de la arena, con una fanfarria de fondo y los saltimbanquis haciendo cabriolas a su alrededor. Con voz clara, se dispuso a pronunciar su discurso de bienvenida:

-¡Seeeñoooooras  y seeeñoooores! ¡Bienveniiiiidos a la Gran Galería Octubre! Niiiñooosss y niiiiñaaasss, paaaadreeees y maaadreeees, abueeeelooos y abueeeelaaaas! ¡Bienveniiiidos a la Gran Feria de Variedades! ¡Bienveniiiidos al Gran Teatro del Mundo!

¿No ha sucedido así? Pues, desde luego, eso sería lo propio. Porque aquí lo que se nos da es la bienvenida a la parada donde a todo hecho real se le da una configuración fantástica. Tomen lo fantástico por sentado y lo real como la proyección de una posibilidad.

Señoras y señores, pasen y vean.

Más allá de la referencia al mundo del circo, ya sé, queridos lecto-espectadores, que el título de esta primera parte, añadido al general de la exposición, puede parecer una copia del magnífico auto sacramental El gran teatro del mundo de Don Pedro Calderón de la Barca, pero me he permitido emular al ínclito literato, no tanto por el contenido sino porque las que titulan su obra son las palabras que desde un primer momento han golpeado mi pensamiento en cuanto me asomé a las pinturas de Sergi Cambrils y contemplé sus historias y sus retratos.

Excusaré el préstamo del título más adelante, ahora presentemos el programa de la función.

El histriónico teatro del mundo que ha preparado Sergi Cambrils se desarrolla en torno a tres espacios ligados entre sí:

En la pista central: Peñiscoleteando. Diseño de una tradición. Retratos de personajes concretos en un espacio concreto y que bien conoce el autor, pues son los que pueblan las fiestas patronales en honor a la Mare de Déu de l’Ermitana de Peñíscola.

En la segunda pista: Personajes para un carnaval introvertido. Una colección de trabajos sobre papel donde el protagonismo se centra en el rostro de unos particulares retratos agrupados en diferentes series y dónde el espacio es el propio antropológico.

En la pista del recuerdo: Historias con mucho cuento. Retratos anónimos en variedad de escenarios reconocibles.

Pasen. No tengan miedo. Pasen y vean.

Reconozco que me gustan los pintores que se exceden en su teatralidad (y por ello me he permitido la licencia circense del inicio del texto), histriónicos capaces de inventarse escenarios transmisores de emociones, que desconciertan al espectador por inesperados, encantadores, diversos, multicolores y multiformes.

En realidad, más que un circo, es ésta una feria de variedades, o un carnaval (introvertido o no), algo muy representativo de la obra que ha ido confeccionando Sergi Cambrils a lo largo de su trayectoria; unas piezas libres e imaginativas donde el dibujo, la pintura y otras técnicas plásticas diversas, se entrelazan para recrear situaciones sugestivas que nos acercan a su particular teatro del mundo. Retratos que cuentan historias abiertas y llenas de matices que se nos aparecen como misterios por resolver; imágenes de aspecto enigmático aunque ancladas en la realidad figurativa de personajes insólitos, absurdos e irónicos. Y tradicionales. Y por ello muy nuestros también.

Una visión, más cósmica que cómica, carnavalesca en fin, que integra lo antropológico y lo corporal como un todo indivisible, de ahí que, el realismo casi grotesco de Cambrils no haga diferencia entre el arriba y el abajo, entre lo espiritual y lo corpóreo.

Pongámonos un poco serios.

Los orígenes de la producción de Sergi Cambrils pueden rastrearse en las iniciativas de las décadas de entre guerras, en el siglo pasado, cuando se estaban gestando nuevas corrientes artísticas que en torno al surrealismo buscaban manifestar la complejidad del torrente imaginativo del hombre.

Hay algo de ese radicalismo en este artista; hay algo de ese deseo incongruente de conseguir a través del arte figurativo un notable alejamiento de la realidad.

Pero no sólo el surrealismo se deja ver en los retratos de Cambrils. El autor hunde también sus raíces más finas, sus acuáticos rizoides, en el conocimiento del movimiento Dadá, especialmente por lo que su interpretación de la realidad supone de revolucionaria, de trasgresión ordenada que, aunque no llega a ser de un nihilismo negador del arte, sí es sin duda una exaltación de la libertad personal.

Cuando incursionó en el sus imágenes se percibían deformes y grotescas, y la sociedad de su época no lo entendió. Decían: . Supongo que algunos dirían lo mismo de Hieronymus Bosch como también lo dicen hoy de Hans Ruedi Giger. Pero la fractura de los tabúes que infringieron, ellos y otros muchos, ha ayudado a nuestra propia aceptación socializada en el particular mundo que hemos creado y habitamos.

Algo similar pasó cuando los , que pretendían que el arte no debía ropa interior calvin klein barata tener sentido, asombraron a la comunidad plástica de su tiempo con obras espontáneas y aparentemente inexplicables.

Y más de lo mismo con el , que presumía de emular, mediante el arte, las formas abstractas y del subconsciente humano.

Me dirán que me marcho muy lejos en el tiempo, y que así justifico la utilidad de mis estudios en historia del arte más allá de saber contestar las preguntas del quesito marrón del Trivial, pero pretendía contextualizar la siguiente pregunta: ¿Es Cambrils un transgresor, como estos movimientos estéticos del pasado?

Piensen que son verdaderamente escasos los creadores que hoy en día nos ayudan a pensar, con elegancia y sin caer en lo burdo, que en el mundo de las artes plásticas no todo se ha inventado.

Y respóndase ustedes mismos tras ver la exposición.

Empecemos estableciendo parecidos y diferencias. Centrémonos en el surrealismo. A todo visitante de la exposición le resultará fácil detectar el alejamiento de la realidad en el conjunto de la composición, de la que hablo unos párrafos más arriba, pero nótese que no se desprecia el realismo en los objetos que componen el todo. Es como si ese alejamiento pretendiera adentrarse en el universo de los sueños y la fantasía, donde las cosas y las gentes tienen apariencia real y reconocible, sólo que se interrelacionan de manera diferente.

¿No ven pedazos de realidades que se representan agrupados de manera tan particular que nos parecen fantásticos?

Con esta concepción, Sergi Cambrils utiliza su dominio técnico para dibujar los objetos y los personajes que después modifica y reagrupa en sorprendentes creaciones de gran impacto visual y con una alta carga subjetiva.

Por esa razón está ciertamente alejado de Max Ernst, Jean Arp, Man Ray, André Masson o Joan Miró, a la vez que se acerca a los artistas que perfeccionaron la figuración naturalista, como Salvador Dalí, René Magritte, Yves Tanguy, Giorgio de Chirico o Wilfredo Lam y Roberto Matta.

La sensación que produce es la de que Cambrils transcribe sus sueños, sus recuerdos y su manera de ver las cosas, de una manera muy real, transformando los estados delirantes y las obsesiones que componen nuestra realidad cotidiana en su tema preferido; y cuidando los detalles técnicos, especialmente con su maravillosa y minuciosa línea.

En definitiva, una apuesta por una nueva manera de conceptualizar la realidad que nos rodea a través de un gran dominio técnico y una preferencia temática donde tiene perfecta cabida lo maravilloso, la locura y los estados de alucinación, lo fantástico y lo sorprendente del propio mundo real (pueden subrayar este párrafo como resumen explicativo de la exposición).

Al buscar paralelismos, o parecidos, entre la obra de Cambrils y otros artistas, creo ver una cierta proximidad con el pintor chileno Mario Toral (1934), al menos en la parte de la producción de éste último donde los aspectos histriónicos sobresalen más respecto de toda su depurada obra.

En el caso del sudamericano, el drama humano como protagonista se manifiesta en imágenes donde la figura no está presente físicamente, pero sí está esa dicotomía orden-caos, ese estremecimiento por todo aquello que de razón y de locura existe en el mundo; lo que también aparece en los retratados de Cambrils.

Eso sí, en el caso de Sergi, una paz tensa se adueña de la escena y propone un hálito de confianza, de esperanza, y hace que pensemos que el mundo es aún un lugar hermoso, que siempre lo ha sido.

O al menos que es posible.

En eso recuerda también a Julio Galán (1959-2006), si conseguimos no hacer demasiado caso de la etiqueta post-mortem que lo ha convertido en el artista del neomexicanismo pictórico y a la vez en el representante de un arte charro-gay (confieso que este último término lo acabo de inventar).

En estos dos pintores, en Toral y Galán, al igual que en Cambrils, están presentes finos procedimientos técnicos que apenas se advierten en la estructura; los elementos metafóricos de una obra cargada de humor y sarcasmo; y una provocativa originalidad.

Es especialmente similar Sergi Cambrils a Julio Galán en cierto aspecto de inmovilidad que adquieren las figuras y que me recuerda al mundo de los juguetes. ¿No les parecen sus figuras juguetes armados en una escena? Pero esta aparente rigidez es más bien la manera en que ambos artistas deciden crear un flujo anecdótico que nos permita atisbar su mundo imaginario, impresionantemente ejecutado.

Es así como estos pintores se esfuerzan para que se revele la naturaleza del ser humano, y permiten que contactemos con los lados más desconocidos, o mejor retenidos, de nosotros mismos.

Pero para Cambrils, además, la pintura es una manera de comprometer su historia personal, su vida en Peñíscola, sus vecinos, las tradiciones, las fiestas… eso significa que está lejos de cualquier propósito decorativo, lo que hace que su obra narre con maestría una visión de lo interior, donde casi siempre está presente una historia acechando, o un simulacro que se organiza en escenarios de un nostálgico mundo hermético que, sin embargo, es el suyo y el nuestro.

Lo trivial constituye sólo una apariencia, pues es obvio que requiere un nivel más profundo de lectura y un conocimiento de la historia de las tradiciones, en este caso de Peñíscola.

Desde sus primeras obras, Sergi Cambrils ha impuesto una forma personalísima de pintar que, como un cofre de juegos, acepta todas las técnicas; propone series de retratos de seres que parecen no conformarse con ser uno solo; nos enseña cuerpos que transcurren secretamente más allá de la figuración, que se mimetizan con las cosas, muchas veces con fina ironía; un festival de representaciones que toca la puerta de la realidad lo mismo que el sueño permanece como una ineludible presencia en el que está después despierto; el resquicio por donde Antoine de Saint-Exupery logró escapar de sí mismo.

Es éste un mundo visual con cierta aura fantástica, una proyección sugerente en las asociaciones infantiles, es el misterio inquietante que emana de los objetos más cotidianos.

Porque todo se hizo para ser pintado.

Y el dibujo en Cambrils es el elemento que articula el mensaje de la obra, y sirve de vínculo entre la pintura y el argumento.

¡Señoras  y señores, bienvenidos a la Gran Galería Octubre! ¡Niños y niñas, padres y madres, abuelos y abuelas! ¡Bienvenidos a la Gran Feria de Variedades! ¡Bienvenidos al Gran Teatro del Mundo! ¡Bienvenidos a Peñiscoleteando! Pasen, pasen y vean.

Segunda parte: Se extraen almas

Disculpen la digresión, serán sólo unas líneas.

La gran aportación de la exposición de la Galería Octubre es la creación de un retrato de Peñíscola, de unas fiestas y unas tradiciones, como si fueran un espacio antropomórfico.

Además, como yendo de lo particular a lo universal, esa serie se complementa a la perfección con los retratos que son resumen de la trayectoria de Sergi Cambrils. Esta composición expositiva merece un breve análisis particular.

Antropomorfismo viene de anthropos, es decir, el hombre fabricado del barro modelado a partir de una forma (morphe) que no es ni más ni menos que la imagen y semejanza de la deidad, como dice la Biblia y Sánchez García.

Por otro lado retratar es extraer las rayas que dibujan a alguien, robar los trazos de su anatomía física y psíquica repitiendo una línea por cada línea real, una arruga por cada arruga, ojo por ojo, diente por diente, registrando un carácter, una fisonomía con la violencia de quien comete un hurto con alevosía.

“¡Mira mi rostro! ¡Ojalá pudieras entrar con tus ojos también en mi pecho y ver la paterna ansiedad que lo ocupa!” Lo decía Ovidio. Un retrato es un lugar físico, pero es también un lugar psíquico, y como tal se vive, y así se aprecia en las historias pintadas de Cambrils.

Se puede afirmar que hay una historia particular para cada retrato. Cada imagen es sentida por Sergi Cambrils como un reflejo incompleto de su carne, de su historia, de su cotidianidad. Cambrils es cómplice, desde las profundidades del tiempo convivido con los suyos, en la creación de un ensueño de eternidad que gozamos y compartimos.

Y tengamos presente que se sueña interpretando millones de papeles al unísono. Así son sus retratos.

Cambrils compone sus escenas de este modo porque no es anónimo respecto a lo que retrata. En este caso las pinturas no discurren únicamente por las sendas marcadas de la ciencia empírica, aparece la actuación de la analogía, la paradoja, la contradicción, la metáfora; en resumidas cuentas: el universo conceptual de una lógica que no considera el aspecto irracional del ser humano excluido de su ser en esta vida. Y nos adentramos en un terreno pantanoso, encrucijada donde convergen los ambiguos caminos de la tradición, la religión, lo mágico, el recuerdo, la memoria, la antropología…

Estas pinturas, cuanto más extrañas, más parecen en verdad darnos un sentido de reafirmación respecto a quiénes somos. Y es que las distintas sociedades en las que vivimos convergen en los puntos en que se rompen las barreras emocionales, y por eso estas representaciones son un espejo que refleja de forma honesta nuestra mirada.

“El arte se ha vuelto iconoclasta, pero esta postura iconoclasta moderna ya no consiste en destruir las imágenes, como la de la historia; más bien consiste en fabricar imágenes” Y esas imágenes parten de los principios ya esbozados: lo dicho, el retrato es un lugar físico y psíquico; es una representación de un rostro humano, y también del rostro humano (nótese la no tan sutil diferencia del cambio de artículo); habita en la conciencia humana; es el agujero del muro de las lamentaciones donde compartimos un sueño sobre papel; es una escena pletórica que rememora y enmascara, que narra… que narra historias que se pliegan sobre sí mismas transfigurándose en anécdotas, retales de tradición, aforismos.

Estas historias, en las cuales se estratifica la leyenda del ser humano, son la única verdad histórica con la que contamos, son ejemplos de un goce por la vida y la muerte que se sienten como un hecho infinito. Son sueños de la razón que producen escenas monstruosas, vida más allá de la muerte, eternidad.

El Grand Verre de Marcel Duchamp es un ejemplo de todo esto pero de forma mucho más brutal, y está presente en la obra de Cambrils, aunque no de manera literal, sino como estado de ánimo, como música de fondo.

Y ahora la Gran Feria de Variedades se instala en Castellón. La gran diferencia entre la interpretación de Cambrils y la de cualquier otro está en el conocimiento de la historia que escenifica, en el uso de su memoria particular.

Sí, Sergi Cambrils pinta su propia memoria, y como la de cualquiera, la suya es una memoria individual que se corresponde con la realidad sólo para él.

La memoria es como una novela de páginas sobadas, con impresiones de ilustraciones desgastadas, las esquinas dobladas y la hoja con los créditos editoriales desparecida hace tiempo; son páginas impregnadas de recuerdos de olores, nostalgias de sabores, tintes que mancharon su papel de coloraciones salinas, suma inconmensurable de huellas digitales, rasguños y restos de carmín y cazalla (o sol y sombra).

Y cada uno tenemos nuestra propia novela. Aunque todas sean la misma, de la misma edición y contengan las mismas palabras; son diferentes, no sólo para cada lector, sino cada vez que son leídas.

A veces heredamos la novela, y ya la encontramos señalada y garabateada. Entonces la memoria es como una sábana de hotel que conserva el calor del cuerpo humano, que supura recuerdos cuando pasa de mano en mano, de cuerpo en cuerpo.

Es el mito de la caverna platónica pero en la recreación de José Saramago, pues  los humanos no vemos el universo como una proyección de vagas sombras en la pared de una cueva de espaldas a las ideas que se proyectan a través de la luz de la gran bombilla alógena; somos nosotros las sombras huidizas que dejan el rastro de las imágenes al pasar. Nosotros, para los demás, sólo somos las sombras que de nuestra existencia alcanzan percibir.

Podemos concluir que la entidad humana es fantasmal, y que como espectros quedamos para la historia, habitando en las tres dimensiones en que estamos encarcelados.

El rostro de la humanidad que Cambrils retrata tiene, evidentemente, el aspecto de las sociedades que ha vivido, de los lugares donde ha instalado la Gran feria de Variedades, y especialmente, naturalmente, maravillosamente, de Peñíscola.

Ha tenido la suerte de que esta población se ha labrado la estética de una belleza sobrehumana en conservación de sus tradiciones, especialmente las festivas que sirven ahora de inspiración.

El rostro de Peñíscola está compuesto de millones de anatomías y de sus inquietantes estructuras constructivas papalunísticas, charltonhestoneras y berlanguianas, sus sonidos de dulzaina y tabal, y el intenso sudor de una piel castigada por el sol, la sal y el turista de secano.

Los personajes que aparecen pintados, y todos nosotros al fin y al cabo, no son piezas de un molde, la sociedad que componen no es Golem, sus caras no se acuñan como las monedas de los monarcas, no son máscaras de cera imperturbables, no son imagines maiorem en sus altares; son el resultado de una germinación en una tierra, bajo un sol concreto; son particulares de Peñíscola, y en su individualidad representan la universalidad de las particularidades.

La ciudad está compuesta también por millones de historias. De entre ellas, las fiestas son un capítulo fundamental, porque son como una tragicomedia agradable ambientada en un baile de máscaras. Todo espíritu profundo necesita una máscara: más aún, en torno a todo espíritu profundo va creciendo continuamente una máscara, gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, superficial, de toda palabra, de todo paso, de toda señal de vida. Nietzsche dixit.

El retrato nace de una máscara sentida como una huella histórica, vecinal, amigable, rencorosa, traidora y, en fin, circunstancial (en el sentido de Ortega y Gasset) en la que todos nos reconocemos alguna vez. Si Sergi Cambrils tuviera su propia parada en la Feria de Variedades, un cartel rezaría a la entrada de la caseta:

“Se extraen almas sin anestesia local”

 

Joan Feliu Franch

Universitat Jaume I. Castalia Iuris.



Esta segunda parte del texto se debe en gran medida a la lectura histriónica y a veces histérica de una tesis inédita que me descubrió unas muy buenas recomendaciones bibliográficas y una profunda reflexión desde la opinión personal y valiente de: Sánchez García, Miguel Ángel. Espacio antropomórfico en la pintura. Memoria de Tesis Doctoral en el Departamento de Pintura y Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2002.

Ibidem.

Ovidio. Metamorfosis, Espasa Calpe, Madrid1995, p.108.

Cole, Jonathan. Del Rostro, Alba ed; Barcelona, 1999.

Baudrillard, Jean. La ilusión y la desilusión estéticas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 1997, pp.21.

La idea está tomada de Sánchez García, Miguel Ángel. Op. cit.

Lo de alógeno es para recordar que esta bombilla da luz y calor, no cómo los leds a los que nos hemos acostumbrado. Eso sí, la historia de las religiones prueba que no es para nada una bombilla de bajo consumo.

Saramago, José. La caverna, Alfaguara ed, Madrid, 2000.

Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal, Alianza ed, Madrid, 1993, pp.65-66.