Historias de Cornucopias y funambulistas

Catálogo La Llotgeta. Aula CAM

Sala La Llotgeta “Historias cocinadas” 2009

Valencia.

 

“El vicio llamado suprarealista consiste en el uso apasionado e inmoderado del narcótico de la imagen…”

“Ismos. Aragón” Ramón Gómez de la Serna

Rosa Ulpiano

HISTORIAS DE CORNUCOPIAS Y FUNAMBULISTAS

Resulta significativo, a la hora de reflexionar sobre la pintura neo-suprarrealista, el pasaje realizado por Manuel Abril a mediados de los años treinta, a propósito de la exposición de collages o Composiciones Supra-realistas de Max Ernst, en el Museo Nacional de Arte Moderno de Madrid. En éste el crítico repasa los imaginativos pasajes procedentes de la infancia, a través de una iconografía esgrimida hasta nuestra posmodernidad; frutas, animales, conchas, o insectos…, constituyen un ensamblaje a partir de historias de miedo y fantasmas narradas por las criadas, de aventuras de aquel tío militar que viajó a las Antillas o el descarrilamiento de aquel buen señor que visitó un buen día a la familia; “Los elementos de esta realidad y sus razones de unión aparecen en el alma del muchacho cuando los presentimientos comienzan a brotar y la avidez contenida y temerosa de la sensibilidad no le ofrece otro mundo –de aventuras, de placeres, de conocimiento, de revelación y emociones- que la sala de casa, (…) desvanes, arcones, álbumes y estampas de libros ilustrados, único mundo real de iniciación de tres generaciones sucesivas desde nuestros abuelos hasta ahora” Historias anacrónicas, pero que en nuestra posmodernidad descubre nuevas iconografías a través de la obra pictórica del artista castellonense Sergi Cambrils. Una pintura en el que aquellas fantásticas composiciones del pasado son ahora sustituidas por escenas del cine, el cómic, la ilustración, las nuevas tecnologías, el pop o por elementos procedentes del diseño contemporáneo; en ellas descubrimos que aquel visitante de nuestros antepasados, es ahora reemplazado por un Superman cubierto de tejidos modernos, los animales vestidos en antaño por elegantes trajes de franela, se encuentran envueltos en lienzos geométricos, la fruta o la verdura ya no proceden de cornucopias, sino que reaparece en botellas de ketchup, transformadas en micrófonos o envasadas en tuperwares. El universo de Carroll, en su Alicia a través del espejo, tan significativo para los surrealistas, sigue intacto, pero presenta ahora, paredes empapeladas, señales de tráfico o cámaras de fotos: Literal y poética la pintura de Cambrils, nos permite de igual modo una visión en sentido literal como en sentido figurado. Es decir, una cuestión que en el contexto de la crítica contemporánea, no trata -como indicaba Barthes-, de que el signo y el referente se encuentren tan exquisitamente encajados el uno con el otro como que toda diferencia entre ellos resulte borrada, sino de que los dos elementos esencialmente diferentes, signo y sentido, estén tan intrincadamente entrelazados en la “presencia” imaginada de la que la obra se ocupa, que surge la cuestión de cómo es posible llevar a cabo las distinciones que debería protegernos del error de identificar lo que no puede ser identificado. Cuestiones en donde la multiplicidad de lecturas en una desfragmentación de alegorías, extraídas de nuestra cultura y organizadas en relaciones reciprocas de diálogo, parodia, y enfrentamiento que nos remite a lo que Cambrils denomina funambulista, un personaje en constante equilibrio “Mientras todo se mueve a gran velocidad, los artistas caminamos lentamente entretejiendo nuestras inseguridades para convertirlas en algo bello. Y sentimos que en ello radica nuestro compromiso social”.

No obstante, en las composiciones pictóricas de Sergi Cambrils asistimos a un ejercicio de filosofía “pintada” que interrelaciona arte y vida. Insólitos personajes surgen entre espacios arquitectónicos o superficies monocromas para debatir cuestiones filosóficas entre historias fantásticas y la artificialidad de lo cotidiano. Universo de discordancias, de estrictos espejismos, de sueños tumultuosos; se trata principalmente de una búsqueda de la divergencia, de la transferencia irreal, del desplazamiento que se ejerce sobre las formas visuales y sobre los objetos de la representación, pero trasladado a la crítica de lo real; lo funcional y lo bello con que nos envolvemos descontextualizado en una combinación más o menos fantástica. A caballo entre el dadaísmo, la abstracción geométrica y el surrealismo, Cambrils crea composiciones teatrales, irónicas y paródicas de títulos con resonancias a la gastronomía y al arte, imágenes que nos evocan a Velázquez y a los flamencos, pero también a Chagall y a Lekuona. En su conjunto, la obra adquiere un aire enigmático que no permite al espectador la plena identificación con las imágenes representadas; “En uno de mis dibujos una señora de frondosos cabellos y vestida con una exuberante indumentaria se dispone a exprimir una naranja sobre una extraña estructura vertical”. Las composiciones rememoran una suerte de “cadavre exquis”, un híbrido de concordancias formales, una relativa unidad de estilo de todas las partes que nos desafía a un juego entre literario y filosófico, sutil y complejo. Razón y pasión, hombre y animales, alimentos y progreso, todos estos elementos aparecen visualizados en una pintura alegórica, llena de misterio que conjuga filosofías opuestas y contradictorias en un espacio intemporal de interpretaciones múltiples.