Peñiscoleteando…o imaginación to the power

Eric Gras

PEÑISCOLETEANDO…O IMAGINACIÓN TO THE POWER

 

La primera vez que vi una de las obras de Sergi Cambrils, recuerdo que pensé: «¡cuánta imaginación!». Reconozco abiertamente que al ver esos cuadros, se dibujó en mi rostro una sonrisa de complicidad, algo pícara. La razón de esa picardía no es algo que muchos puedan comprender, aunque sí diré que vi cierto grado de sutil ironía en sus dibujos. Ese colorido, esas figuras alegres y estrambóticas, esas caricaturas de la propia realidad… Una auténtica delicia, puro divertimento. Si a eso le añadimos la excelente técnica de dibujo que posee este artista de Peñíscola, no cabe duda de que estamos ante uno de los «buenos». ¿Buenos de qué? Dicho de otro modo, creo que es uno de los artistas a seguir dentro del panorama provincial de Castellón y con miras al infinito y más allá.

Teniendo en cuenta todas estas primeras sensaciones, no fue muy difícil aceptar la propuesta que me hizo Joan Feliu –al que debo tanto, aunque no dinero– para que escribiera en el catálogo de la exposición Peñiscoleteando. Disseny d’una tradició. No fue difícil, en parte, por esos 6.000 euros que me ingresaron en una cuenta privada de Zurich… Tranquilos, que es broma –ojalá fuese cierto!–. Hablando en serio –mejor dicho, escribriendo–, no fue complicado adentrarme en ese particular mundo que ha creado Sergi Cambrils porque comparto ciertos aspectos del mismo. El absurdo, gran amigo mío durante años, es uno de los personajes clave en muchas de sus obras, al igual que las escenas teatralizadas o, incluso, un ligero toque de histrionismo. Realmente, mirar sus pinturas es toda una aventura alegre y vivaz. Son obras totalmente abiertas, receptivas al cien por cien, que te invitan a participar en ese circo creado desde su mente. ¡Y qué mente!

Si intentásemos analizar la producción de Cambrils, rápidamente buscaríamos sus influencias. ¿Qué autores o movimientos han podido seducirle estética y conceptualmente? Muchos dirían, sin miedo alguno, que el Surrealismo es su clara referencia. No se equivocarían. Y de eso, y no de otra cosa, es de lo que escribo en ese catálogo antes mencionado. Pero, tranquilos, que no haré una transcripción del mismo –sería poco profesional por mi parte, aunque me ahorraría pensar un poco–. No obstante, si que me permito el lujo de citar algunos de los pensamientos que Joan Feliu incluye en su texto. Para empezar, Feliu remarca –y yo estoy de acuerdo con él, y así me apunto un tanto a mi favor– que «la sensación que se produce al ver la obra de Cambrils es que transcribe sus sueños, sus recuerdos y su manera de ver las cosas, de una forma muy real, transformando los estados delirantes y las obsesiones que componen nuestra realidad cotidiana en su trema preferido; y cuidando los detalles técnicos, especialmente con su maravillosa y minuciosa línea». Efectivamente, y para reafirmar su condición de artista «de los buenos» , tan solo hace falta observar la capacidad imaginativa que posee unido a su dominio de las formas.

Locura, alucinaciones, la sorpresa y las ensoñaciones, lo utópico o extraordinario… Todo tiene cabida en el mundo pictórico de Cambrils. Demos gracias por ello, puesto que existe un alto grado de creatividad en su arte que se nos antojaba necesario en el panorama actual. «Cuando uno ve las obras de Cambrils realiza, de forma inconsciente, un viaje a través del tiempo para situarse en esas décadas prodigiosas del Surrealismo. Las piezas que surgen de su imaginación recuerdan esos aires donde los sueños eran protagonistas», escribí yo mismo. Después de ver la exposición montada en la galería Octubre de la Universitat Jaume I, puedo reiterarme. Ver in situ todas esas piezas nos ayudan a recordar tiempos pasados que fueron siempre mejores. Volamos hacia nuestra tierna infancia y pasamos largas horas jugueteando con cualquier utensilio que tengamos a nuestro alcance. Toda esa acción proviene de la ilusión, provocada por una de las armas más poderosas que existen en el ser humano: la imaginación. Sin eso, seríamos seres vacíos, aburridos hasta la muerte. Yo, personalmente, prefiero reír y sentir alegría –no sé ustedes qué preferirán, aunque me consta que existen personas contrarias a la felicidad–.

La creación de mundos enigmáticos es tan atractiva, seduce tanto a aquellas personas con un gusto especial por lo desconocido, que difícil es no caer en la tentación y dejar libre nuestra mente. Ante tanta desdicha, no viene nada mal una pequeña dosis de ilusión. ¿No creen? «De ilusión también se viven», nos dicen muchos. Yo, que siempre he sido un soñador empedernido, soy de esa opinión. Si perdemos la poca inocencia que nos queda, este mundo sería tan cruel que para qué vivir en él. Por tanto, qué mejor poción que el mundo del arte, la literatura, el cine y el teatro, la música… para hacer de todo este inmenso, aunque finito, lugar que es el planeta Tierra, un lugar más agradable. A su modo, Sergi Cambrils colabora en esa misión. En este sentido, insisto en darle las gracias por compartir con todos nosotros una pizca de su humildad y de sus ganas de vivir con una sonrisa en el rostro.